El procedimiento…

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El crear un ambrotipo o un ferrrotipo es un procedimiento “sencillo”, pero que conlleva un proceso minucioso en el que hay que cuidar cada uno de los pasos a seguir.

 

Lo primero que necesitamos es preparar los químicos que utilizaremos. Utilizaremos colodión, baño de plata, revelador, fijador y barniz.

 

Los soportes en los que podemos capturar las imágenes son diversos dependiendo de la técnica a utilizar.
Podemos utilizar un cristal transparente para un ambrotipo negativo, un cristal negro y opaco para un ambrotipo positivo o una placa de aluminio si lo que queremos es un ferrotipo… Cualquier material es susceptible de ser sensibilizado siempre que lo podamos alojar en el chasis de la cámara.

 

Para realizar un ambrotipo, lo primero que debemos hacer es limpiar profundamente el cristal, cualquier impureza nos estropearía la placa. Una vez limpia procederemos a verter una fina capa de colodión sobre el cristal. Es muy importante que esta capa quede uniforme ya que es sobre el colodión donde se fijará la imagen.

 

Ahora procedemos a sensibilizar la placa, la sumergiremos durante tres minutos en un baño de nitrato de plata y agua.

 

Ya tenemos la placa preparada para colocarla en el chasis. Eso sí, necesitaremos un cuarto oscuro para este procedimiento. Una vez sumergida la placa en el baño de plata no le puede dar la luz hasta después de revelar. Deberemos trabajar con luz roja.

 

Nuestras placas reaccionan con la luz ultravioleta, por lo que dependiendo de la luz del día, el mes en el que estemos o simplemente la altitud de nuestra ciudad, variaran los tiempos de exposición. Por supuesto también dependerá de nuestra formula de colodión y de nuestra cámara. En mi caso son 17 segundos de exposición.

 

Una vez realizada la toma, volveremos al cuarto oscuro y revelaremos la placa parando la reacción con agua.

 

Ahora ya podemos encender la luz para fijarla y ver como pasa la imagen de negativo a positivo. Acabamos aclarando la placa con agua para quitar cualquier resto de fijador.

 

La capa de colodión es tan fina que una rozadura con una uña bastaría para estropear la placa, por eso hay que barnizarla después de que ésta esté bien seca.